Las Vegas me sorprendió. No se puede decir que no estuviera avisado, ya que es una ciudad con mucha fama, pero así y todo, no esperaba que todo fuera tan cierto, hasta incluso, por encima de mis expectativas. Lo de esta ciudad es un escándalo. En medio del desierto han montado una ciudad impresionante. Tienen la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, una pirámide de Egipto, ... Algo digno de ver. Multitud de casinos, espectáculos en cada esquina, conciertos en cada bar, ..... en fin, es imposible aburrirse.
Nuestra experiencia en el Casino también fue inolvidable. Evidentemente, ya que estás en Las Vegas, hay que meterse en el papel, así que nada mejor que apostar un poco de dinerito. Como pringados que somos, el problema es que no sabíamos jugar a casi nada, así que estuvimos practicando a la ruleta en unas máquinas que hay para principiantes. Un poco después, con el dinero ganado, pasamos a la mesa de los profesionales. Menuda sensación... Ahí estábamos, en un Casino de Las Vegas jugando a la ruleta. Tuvimos bastante suerte al principio (la suerte del principiante que dicen). Sin embargo, la suerte se fue por donde había venido y cuando empezamos a perder lo ganado optamos por dejarlo. Al final, el balance fue muy bueno, ganamos unos 50 euritos y nos salió la noche gratis...
El día siguiente tocaba volver. Fuimos por la mañana a ver el Hoovers Dam, que queda cerca de Las Vegas y que marca además la frontera con el Estado de Arizona. Nos hicimos la foto de rigor y nos dirigimos al aeropuerto.
Tras 9 días de locura volvíamos a Chicago, muy cansados pero satisfechos del pedazo de viaje que habíamos hecho. Menuda experiencia.